Respuesta al video de Roxana Kreimer "ZURDA ADOCTRINA:por qué el CAPITALISTA es un EXPLOTADOR (7 respuestas a los argumentos más comunes)"
Hace un tiempo vi este video:
En verdad, nunca me senté a comprobar todo lo que se dice en él. Roxana Kreimer propone que el sistema capitalista tradicional tiene varias fallas críticas que podrían ser solucionadas mediante un sistema basado en cooperativas. Mi intención no es defender el capitalismo neoliberal, como seguramente muchos zurdos podrían llegar a acusarme por criticar algún postulado de izquierda. Solo trataré de refutar, aunque no de manera suficientemente rigurosa, varias cosas que dice Roxana. A esta youtuber la respeto, sobre todo por su manera tan racional y calmada de argumentar y por las críticas al feminismo que ha hecho, que no he revisado de manera cuidadosa, a mi pesar, porque lo que descubrí revisando este video me ha llegado a sorprender.
Aunque Kreimer ofrece una crítica amplia y a veces convincente del capitalismo, hay algunas cosas que no cuadran, yéndonos a la realidad y las limitaciones físicas que esta nos impone. Tocaré muchos temas aquí, que si la eficiencia de la planificación estatal, la creación de deseos versus necesidades en la sociedad de consumo, la libertad del ciudadano medio en el capitalismo, la viabilidad de las empresas cooperativas, y la posible eliminación de las crisis capitalistas a través de un sistema de cooperativas. Preferiría ponerme a criticar algo más fácil, como el comportamiento antisocial de algunos dirigentes políticos, pero me dio curiosidad por terminar de entender todo lo que este video podía estar escondiendo a simple vista. Roxana argumenta de manera magistral y los posibles errores que cometa no serán tan fáciles de ver o explicar, así que manos a la obra.
Roxana
Kreimer dice: “…voy a defender un sistema en el que se democratice la unidad de
trabajo mediante cooperativas, un modelo de producción que en todo el mundo,
incluyendo la Argentina, ha demostrado ser muy eficiente sin generar los
perjuicios de las grandes empresas capitalistas que van desde la extrema desigualdad
y, por tanto, el número de homicidios que se perpetran en una sociedad hasta la
tendencia a la formación de monopolios y el daño al medio ambiente, entre
otros."
Empezamos fuerte, los primeros 30 segundos del video
tienen bastante tela que cortar (sería
esencial desglosar los diferentes componentes: eficiencia de las cooperativas,
desigualdad, homicidios, monopolios y daño ambiental, comparándolos con las
grandes empresas capitalistas), pero
más adelante ella vuelve a tocar todo lo mencionado, de manera que por el
momento solo me limitaré a hacer una puntualización.
Es cierto que las cooperativas pueden ser muy
eficientes en ciertos contextos. Estudios han mostrado que las cooperativas
tienden a ser más resilientes durante las crisis económicas. Por ejemplo,
durante la crisis financiera de 2008, muchas cooperativas en Europa demostraron
una mayor estabilidad en comparación con empresas capitalistas tradicionales
(Birchall & Ketilson, 2009). Además, en Argentina, las cooperativas han
jugado un papel crucial en la recuperación de empresas en quiebra, como es el
caso de la cooperativa gráfica Madygraf.
Sin embargo, la eficiencia de las
cooperativas no es universalmente superior. Un análisis de datos de la OCDE
muestra que, si bien las cooperativas tienen ventajas en términos de equidad y
estabilidad laboral, pueden enfrentar dificultades en la escala y
competitividad en mercados altamente dinámicos (OCDE, 2013). La eficiencia
depende en gran medida del sector y del contexto económico.
Individualismo
Metodológico y Desigualdad en el Capitalismo
Roxana
Kreimer dice: "Algo que diferencia a un liberal de un socialista es que el
liberal solo puede pensar la sociedad en términos individuales. Como una suma
de voluntades y acciones individuales. Es lo que se denomina individualismo
metodológico. Un socialista, en cambio, puede tener en cuenta la dimensión
individual, pero evaluar también los efectos que las voluntades y las acciones
individuales tienen en la sociedad como un todo. El todo a menudo tiene
propiedades de las que carecen sus partes. A un liberal en general no le
importa si un sistema basado en la empresa capitalista genera sociedades muy desiguales,
como las latinoamericanas, por ejemplo. Y eso, a su vez, está asociado con
altos niveles de conflicto social. Es más, muchos liberales, como el economista
Iván Carrino, piensan que la desigualdad es buena porque aquellos a los que les
va peor podrían imitar a aquellos a los que les va mejor. Sin embargo, diversos
estudios, como el de Torres García y colegas del 2019, muestran que la extrema
desigualdad está detrás del número de homicidios de una sociedad y la mayor
parte de los homicidios se producen en el contexto de un ataque a la propiedad
privada. A un socialista democrático, en general, sí le importa la extrema
desigualdad, ya que tiene en cuenta los efectos que un sistema de producción
tiene en el conjunto de la sociedad."
Roxana
Kreimer presenta una dicotomía entre la perspectiva liberal y la socialista,
subrayando que el liberalismo se centra en el individualismo metodológico
mientras que el socialismo se preocupa por los efectos colectivos de las
acciones individuales.
El
individualismo metodológico es un enfoque en las ciencias sociales que explica
fenómenos sociales complejos a través de las acciones y motivaciones de los
individuos. Aunque Kreimer sugiere que los liberales solo piensan en términos
individuales, esta no es una caracterización completamente precisa. Los
liberales reconocen la importancia de las instituciones y las normas sociales
que emergen de las interacciones individuales y que afectan a la sociedad en su
conjunto, lo que llaman el “orden espontáneo” (Hayek, 1945). Este enfoque no
implica una indiferencia hacia las consecuencias sociales de las acciones
individuales, sino un reconocimiento de que las soluciones efectivas a
problemas sociales deben considerar los incentivos y comportamientos
individuales. Ciertamente, Hayek, a quien cito, no abogaba por diseñar estas instituciones y
normas desde cero, pero sí reconocía la importancia de algunas instituciones
que necesariamente debían ser diseñadas para complementar al orden espontáneo,
como por ejemplo, el sistema judicial.
Roxana
Kreimer menciona el estudio de Torres García y sus colegas (2019) para
respaldar su afirmación de que la extrema desigualdad está detrás de la mayor parte de
homicidios en una sociedad. Este estudio, titulado "Inequality and
Property Crime: Does Absolute Inequality Matter?", investiga la relación
entre la desigualdad de ingresos y los delitos contra la propiedad en América
Latina. Sin embargo, Kreimer parece haber simplificado y, en cierta medida,
malinterpretado los hallazgos del estudio.
El estudio de Torres García et al. (2019) encontró que la desigualdad de ingresos está asociada con mayores tasas de delitos contra la propiedad, pero es en los conceptos clave que maneja donde está el quid de la cuestión. Los autores señalan que “los niveles más altos de desigualdad absoluta implican que la élite económica puede apoderarse de las instituciones de maneras que pueden hacerlas disfuncionales para la sociedad en su conjunto” (la traducción es mía). Estamos hablando de un caso extremo en donde la desigualdad absoluta, definida como la distancia entre los ingresos más bajos y los más altos de una sociedad (tomando en cuenta el humbral de pobreza), llega al punto de que los más ricos corrompen las instituciones al apoderarse de ellas. Esto pasa, claro, en los países Iberoamericanos (latinoamericanos, diría ella), pero no es a lo que aspiran los liberales. Por su parte, la desigualdad relativa, que es un concepto que se utiliza para medir la distribución de la riqueza o los ingresos en una sociedad, comparando la situación de los individuos con la de los demás miembros de la misma, no guarda una relación robusta con la criminalidad (Torres García et al., 2019). Dice la página de Faster Capital: "La desigualdad relativa puede ser engañosa porque no tiene en cuenta la riqueza general de un país. Por ejemplo, un país con un PIB per cápita alto podría tener una desigualdad relativa mayor que un país con un PIB per cápita más bajo, pero la gente del país más pobre aún podría estar mejor en términos absolutos" (FasterCapital, 2024). Bueno, la gente de Faster Capital no ha redactado bien esa frase. Lo que quería decir Faster Capital era que, aunque un país con un PIB per cápita alto (es decir, un país más rico en promedio) puede tener una mayor desigualdad relativa, sus ciudadanos más pobres podrían estar mejor en términos absolutos que los ciudadanos más pobres de un país con un PIB per cápita más bajo. En un país A (rico), el 10% más pobre puede ganar $20,000 al año mientras que en el país B (más pobre), el 10% más pobre puede ganar solo $5,000 al año, aunque la desigualdad relativa sea mayor en el país A.
Hay otros estudios que han mostrado
que altos niveles de desigualdad pueden estar correlacionados con mayores
niveles de conflicto social y problemas de salud pública, y pienso que hay que hacer también énfasis en estos problemas, porque son los primeros en llegar con la desigualdad, antes que un aumento de los homicidios. Estos estudios destacan los “efectos perniciosos
que tiene la desigualdad en las sociedades: erosiona la confianza, aumenta la
ansiedad y la enfermedad, (y) fomenta el consumo excesivo” (Wilkinson &
Pickett, 2009). La traducción es mía.
Kreimer también argumenta que los liberales ven la desigualdad como algo bueno, y menciona a uno solo, Iván Carrino. Aquí caben muchas preguntas, con respecto al susodicho, que no se aclaran en el video. ¿Iván Carrino defiente una desigualdad absoluta o relativa? Si defiende la desigualdad absoluta, ¿está refiriéndose a una desigualdad absoluta extrema o moderada? Lo mismo en el caso de la relativa. Evidentemente, uno podría ir a verificarlas en los videos o publicaciones de Iván Carrino, pero igual, no puedes simplemente soltar una afirmación gratuita como esa, sin siquiera aclarar si defiende una desigualdad relativa o absoluta.Por otro lado, Kreimer ignora las variaciones dentro del capitalismo y las diferentes formas en que los países abordan la desigualdad. Los países nórdicos, por ejemplo, combinan un sistema capitalista con políticas redistributivas robustas que mitigan la desigualdad y promueven la cohesión social. Suecia, Dinamarca y Noruega tienen bajos niveles de desigualdad y altas tasas de bienestar social sin renunciar a la propiedad privada ni al mercado libre (Andersen et al., 2007). Es cierto que ella más adelante habla del Estado de Bienestar, pero parece que aquí eso no le interesa, cuando la mayoría de los países capitalistas de éxito tienen un Estado de Bienestar o una gran cantidad de intervenciones estatales estratégicas al mercado. Tal vez lo que le interesa criticar es el liberalismo extremo de los defensores de la Escuela Austríaca de economía; no lo aclara.
El
análisis de Kreimer sobre el individualismo metodológico y la desigualdad en el
capitalismo presenta una visión simplificada de la compleja relación entre las
acciones individuales y sus efectos sociales. Aunque es cierto que la
desigualdad puede tener consecuencias negativas, no es un destino inevitable del
capitalismo. Es crucial considerar la variedad de modelos capitalistas y las
políticas específicas que pueden abordar los problemas sociales sin recurrir a
soluciones radicales.
La
Definición de Capitalismo y su Aplicabilidad en la Realidad
Roxana
Kreimer dice: "¿Qué es un sistema capitalista? Es un sistema en el que la
mayoría de los medios de producción están en manos privadas. Un grupo de
personas son trabajadores productivos e interactúan con la naturaleza para producir
tanto los medios de producción, es decir, herramientas, equipos y materias
primas, como los productos finales para el consumo humano. Esos trabajadores
generan una producción total mayor que la parte de esa producción que se les
retribuye en forma de salario."
La
definición de capitalismo presentada por Roxana Kreimer abarca algunos aspectos
fundamentales del sistema capitalista, pero simplifica y omite varias complejidades
y matices importantes. Roxana describe el capitalismo como un sistema donde la
mayoría de los medios de producción están en manos privadas y los trabajadores
reciben una parte de la producción en forma de salario. Esta definición es
parcialmente correcta, ya que efectivamente, en el capitalismo, la propiedad
privada de los medios de producción es un elemento central (Smith, 1776). Sin
embargo, su explicación se centra únicamente en la relación laboral y la
distribución de la producción, sin abordar otros componentes cruciales como el
papel del mercado, la competencia, y la innovación.
El capitalismo también implica un sistema de mercado donde los precios de los bienes y servicios son determinados por la oferta y la demanda. La competencia en el mercado impulsa la eficiencia y la innovación, lo que a su vez promueve el crecimiento económico (Schumpeter, 1942). Por supuesto, no solo la oferta y la demanda influyen en los precios, también los costes de producción (donde se incluye el tiempo invertido, que se paga por horas), que determinarán el precio inicial, el cual, según el efecto anclaje, influirá en las posteriores fluctuaciones de precio (Tversky y Kahneman, 1974). Además, en un sistema capitalista, las decisiones económicas son descentralizadas, permitiendo que los individuos y las empresas tomen decisiones basadas en sus propios intereses y la información disponible en el mercado.
Ningún
país opera bajo un sistema de capitalismo puro. En la práctica, todos los
países combinan elementos del capitalismo con políticas y regulaciones
gubernamentales, lo que se conoce como economías mixtas. Incluso en los países
más capitalistas, como Estados Unidos, el gobierno desempeña un papel
importante en la regulación del mercado, la provisión de bienes públicos y la
implementación de políticas redistributivas (Stiglitz, 2012).
Durante
todo este texto estaré trayendo a colación repetidas veces al modelo de los
países nórdico, porque son el mejor caso de economía mixta que existe. Suecia, por ejemplo, tiene una economía de mercado donde las
empresas privadas son predominantes, pero también cuenta con un amplio estado
de bienestar que garantiza la educación, la salud y otros servicios sociales
para todos los ciudadanos. Este modelo demuestra que es posible mantener la
propiedad privada y la eficiencia del mercado sin incurrir en los excesos del
capitalismo neoliberal.
La
Recompensa al Capitalista por el Riesgo
Roxana
Kreimer afirma: "Este quizás sea uno de los argumentos más frecuentes para
defender a la empresa capitalista y postula lo siguiente: La empresa
capitalista es justa porque el capitalista arriesga su capital. Esta es la
razón por la que no es justo que comparta sus ganancias. Vamos a analizar este
argumento con principio de caridad, bajo su mejor luz. Supongamos que el
capital que arriesga para fundar una empresa fue ganado por el capitalista
mediante su trabajo. Supongamos que no lo heredó. En principio parece lógico.
El capitalista se arriesga y merece ser recompensado. Aun cuando uno aceptara
que merece ser recompensado porque se arriesgó, ¿cuánto valdría esa recompensa?
¿Cuánto valdría, sobre todo, si la comparamos con un principio de justicia como
el esfuerzo o con el tiempo trabajado? ¿Haber arriesgado un capital ameritaría
tener un ingreso, digamos, 20 veces mayor que el que no arriesgó nada? ¿Haber
arriesgado un capital amerita tener un ingreso 20 veces mayor que el que
trabaja 600% más de tiempo que él o que el que, además de ganar 20 veces menos
que él, arriesga su vida o su salud en un trabajo insalubre? No todos los trabajos
son peligrosos, es claro. Pero digo esto para subrayar que arriesgar un capital
no es la única consideración a tener en cuenta a la hora de pensar en base a
qué principio se debería obtener una remuneración justa."
Roxana
Kreimer simplifica y distorsiona varios aspectos críticos del capitalismo y la
distribución de la riqueza en esta parte del video. El argumento de que los
capitalistas merecen recompensas por arriesgar su capital se basa en la idea
fundamental de que el riesgo y la innovación son motores esenciales del
crecimiento económico. Los capitalistas no solo invierten dinero; también
invierten tiempo, conocimiento y esfuerzo en desarrollar y gestionar sus
negocios. La recompensa por este riesgo y esfuerzo no es simplemente una
cuestión de justicia, sino también de incentivo. Sin incentivos significativos,
los individuos estarían menos dispuestos a asumir riesgos, lo que resultaría en
menos innovación y menos creación de empleo (Schumpeter, 1942).
Roxana
cuestiona si es justo que los capitalistas ganen significativamente más que los
trabajadores que no asumen riesgos financieros pero pueden realizar trabajos
más peligrosos o arduos. Esta es una comparación válida, pero incompleta, y ella misma lo dice, por supuesto, pero aún así hay que matizar más este asunto, para que quede clara la tergiversación que supone. La
economía de mercado no se basa únicamente en el esfuerzo físico o el riesgo
personal, sino en la creación de valor (aquí es donde está el meollo del asunto). Un cirujano, por ejemplo, puede ganar
más que un trabajador de la construcción no solo por el riesgo o el esfuerzo,
sino por la combinación de habilidades, responsabilidad y el valor que su
trabajo aporta a la sociedad (Mankiw, 2014).
La
cuestión de cuánto debería ser la recompensa por el riesgo es compleja y no
tiene una respuesta única. En muchas economías, existen mecanismos para mitigar
las desigualdades excesivas, como impuestos progresivos y políticas de
bienestar social. Estos mecanismos buscan equilibrar la necesidad de incentivos
con la justicia social. Por ejemplo, en el modelo nórdico, los altos impuestos
sobre las rentas más altas y las políticas sociales robustas permiten una
distribución más equitativa de la riqueza sin desalentar la inversión y la
innovación (Andersen et al., 2007).
La solución no necesariamente pasa por eliminar las recompensas al riesgo, sino por encontrar un equilibrio adecuado a través de políticas públicas efectivas. Con respecto a si el empresario trabaja menos que el empleado, ya hablaré más adelante.
El
Mérito, el Esfuerzo y la Recompensa en el Trabajo
Roxana
Kreimer sostiene: "Entonces, si aceptamos el ideal moderno de que el lugar
que ocupe cada uno en la sociedad debe estar basado en su propio mérito,
arriesgar un capital no legitima que una persona gane decenas de veces más que
quien trabaja muchas más horas que él. O incluso que gane veinte veces más que
quien trabaja la misma cantidad de horas que él. Si lo que legitima las ganancias
es el esfuerzo, estudiar una carrera universitaria refleja el esfuerzo que hace
una persona mientras cursa esa carrera, cuando ya se recibió no necesariamente.
Entonces, una persona que cursó una carrera universitaria merece ganar toda su
vida, digamos, veinte veces más que quien se esfuerza mucho más que él,
trabajando más tiempo, trabajando en tareas que le desagradan a la mayor parte
de las personas."
El
argumento de Roxana presenta una visión limitada de cómo se mide y recompensa
el mérito en una economía capitalista. Si bien el esfuerzo y el tiempo dedicado
al trabajo son importantes, no son los únicos factores que determinan la
compensación. La complejidad, la responsabilidad y el impacto del trabajo
también juegan un papel crucial. Los ejecutivos y propietarios de empresas no
solo gestionan su propio trabajo, sino que también asumen la responsabilidad de
toda la organización, lo que incluye tomar decisiones estratégicas que afectan
a cientos o miles de empleados.
Lo del tiempo de trabajo me parece bastante absurdo; yo mismo he trabajado en varias empresas, y, aunque estas explotaban a sus trabajadores con muchas más horas de lo normal, siempre los jefes trabajaban más horas que nosotros los empleados. Pero mis experiencias no pueden ser tomadas como pruebas, pues estuve moviéndome solo por dos ciudades del Perú, que además es un país que está en vías de desarrollo. Según un estudio de Harvard Business Review, los CEOs de empresas grandes trabajan un promedio de 62.5 horas a la semana, significativamente más que el trabajador promedio (Porter & Nohria, 2018). Además, las decisiones que toman estos líderes pueden determinar el éxito o el fracaso de toda la empresa, lo que justifica una compensación mayor debido al riesgo y la responsabilidad involucrados. Ahora bien, ganar decenas de veces más que sus empleados es algo discutible, pero ya eso conllevaría una complejidad más elevada.
Roxana menciona que el esfuerzo de estudiar una carrera universitaria debería justificar la remuneración solo mientras se está estudiando. Sin embargo, este argumento ignora el valor a largo plazo de la educación y la especialización. La educación superior no solo representa un esfuerzo temporal, sino una inversión en habilidades y conocimientos que incrementan significativamente la capacidad de una persona para contribuir al crecimiento y la innovación en su campo. Según datos del U.S. Bureau of Labor Statistics, en 2020, los trabajadores con un título universitario ganaban en promedio 60,2% más que aquellos con solo un diploma de escuela secundaria (BLS, 2021), esto por obvias razones. Estamos hablando de que han aumentado sus habilidades y por lo tanto su capacidad para incidir en el mercado y los ingresos de la empresa para la que trabajan.
En
los modelos nórdicos, aunque existe una menor disparidad de ingresos en
comparación con Estados Unidos, los empresarios y ejecutivos aún reciben
mayores compensaciones que los trabajadores promedio, lo que refleja la
responsabilidad y la complejidad de sus roles (Andersen et al., 2007). Este
modelo demuestra que es posible mantener incentivos para la innovación y el
liderazgo mientras se mitiga la desigualdad extrema mediante políticas fiscales
progresivas y una fuerte red de seguridad social.
El
Capital, el Riesgo y la Distribución de las Ganancias
Roxana
Kreimer dice: "Por lo dicho, creo que arriesgar un capital en una gran
empresa no es un principio que por sí mismo justifique no devolver al
trabajador la totalidad proporcional de lo que genera su trabajo. Como sugirió
Platón, la justicia perfecta no existe, pero en tal caso, el esfuerzo en relación
al tipo de trabajo de que se trate me parece un principio mucho menos injusto
que haber arriesgado un capital. En tal caso, haber arriesgado un capital
podría ser una consideración que se tenga en cuenta durante un periodo
determinado, por ejemplo, hasta que con las ganancias de la empresa se le
devuelva a esa persona lo invertido, o un poco más si quieren. Eso se puede
pensar conjuntamente, democráticamente. Y si no hay ganancias, compensando a
esa persona con menos horas de trabajo que los demás en un inicio, o buscando
alguna alternativa consensuada con los trabajadores."
Roxana
sugiere que la única justa compensación para el capital invertido en una
empresa es la devolución de la inversión inicial más una pequeña ganancia. Esta
visión no considera adecuadamente la naturaleza del riesgo y la recompensa en
el emprendimiento y la inversión. Cuando un empresario invierte capital en una
empresa, no solo está proporcionando recursos financieros, sino que también
asume un riesgo significativo de perder su inversión si la empresa fracasa.
Este riesgo es considerablemente mayor que el riesgo asumido por un trabajador
asalariado, cuyo ingreso es generalmente más seguro y predecible. Sí, es más
seguro que alguien te pague un salario a que te pongas a emprender; el
emprendimiento conlleva manejar una gran cantidad de situaciones para las que
hay que prepararse durante mucho tiempo.
En
economías de mercado, la posibilidad de obtener retornos altos es una
compensación por asumir riesgos altos. Los inversores y empresarios están
dispuestos a arriesgar su capital porque, si tienen éxito, pueden obtener
recompensas proporcionales al riesgo asumido. Un estudio de Gabaix y Landier
(2008) muestra que la compensación de los CEOs y altos ejecutivos está
relacionada con el tamaño de la empresa y el rendimiento, lo que justifica
altos salarios en función del éxito empresarial y la creación de valor (Gabaix
& Landier, 2008).
La
sugerencia de Roxana de que se devuelva solo la inversión inicial más una
pequeña ganancia no toma en cuenta la estructura de incentivos que impulsa la
innovación y el crecimiento económico. La posibilidad de obtener grandes
ganancias motiva a los empresarios a innovar, crear nuevos productos y
servicios, y expandir sus negocios, lo cual genera empleo y crecimiento
económico. Nadie invertirá en tu empresa si no puede obtener una ganancia
sustancial, nadie fundará y dirigirá una empresa para ganar poco o nada.
Me repito otra vez (lo voy a hacer las veces que sean necesarias), en
los modelos nórdicos se permiten altos ingresos para empresarios exitosos
mientras mantienen políticas fiscales progresivas y fuertes redes de seguridad
social para garantizar que los beneficios del crecimiento económico se
distribuyan de manera más equitativa (Andersen et al., 2007). Singapur, otro
ejemplo notable, ha logrado un alto nivel de desarrollo económico permitiendo grandes
recompensas para el éxito empresarial, al mismo tiempo que implementa políticas
sociales robustas para apoyar a los ciudadanos de bajos ingresos (Chua, 2017).
Hay diferencias entre estos dos sistemas mencionados (incluso cada país nórdico
se diferencia de todos los demás); puede esperarse que, dadas las medidas de redistribución
de la riqueza que poseen, existan menos inversiones a comparación con otros
sistemas capitalistas más liberales, pero aun así se invierte y se innova.
Roxana propone que se le podría recompensar al dueño de la empresa con menos horas de trabajo, pero las cosas no funcionan así. El dirigir una empresa realmente lleva muchas horas de trabajo en su mayoría; en todo caso, se tendría que contratar a alguien más para que lleve a cabo la tarea, pero entonces habría que pagarle a esa persona un alto salario, y se repite la historia. Contrario a la simplificación de Roxana, muchos dueños de empresas y altos ejecutivos trabajan extensas horas y enfrentan un nivel de estrés y responsabilidad que la mayoría de los trabajadores no experimentan.
Un
Caso Ejemplar: Renaissance Technologies
Es
curioso que ni los defensores del capitalismo ni los comunistas mencionen
esto, pero un ejemplo interesante de cómo el capitalismo puede generar
resultados positivos es la empresa Renaissance Technologies, fundada por Jim
Simons. Renaissance Technologies es una de las firmas de inversión más exitosas
del mundo, conocida por su uso avanzado de matemáticas y algoritmos para tomar
decisiones de inversión. Simons, un matemático de formación, ha creado un
entorno en el que la innovación y el análisis riguroso son recompensados.
Renaissance
Technologies no solo ha generado enormes ganancias para sus inversores, sino
que también ha implementado políticas internas que reflejan una distribución
más equitativa de la riqueza. Los empleados de la empresa, incluidos los
científicos y analistas, reciben compensaciones significativas que están
alineadas con el rendimiento de la empresa. Este modelo demuestra que es
posible tener una empresa altamente rentable que también valora y recompensa a
sus empleados de manera justa.
Además, Jim Simons y su esposa han donado una parte sustancial de su riqueza a causas filantrópicas, apoyando la educación, la investigación científica y otras iniciativas benéficas. Esta filantropía ejemplifica cómo el éxito empresarial puede traducirse en beneficios para la sociedad en general, demostrando que el capitalismo puede coexistir con un fuerte sentido de responsabilidad social (Zuckerman, 2019). La propuesta de Roxana de limitar las ganancias de los empresarios a solo la devolución de su inversión inicial más una pequeña ganancia ignora la complejidad y la naturaleza del riesgo empresarial. Los modelos de economías mixtas exitosos, como los de los países nórdicos y Singapur, muestran que es posible mantener incentivos para el emprendimiento y al mismo tiempo promover la equidad económica. La clave está en equilibrar adecuadamente las políticas fiscales y sociales para distribuir los beneficios del crecimiento económico sin desincentivar la innovación y la inversión. El caso de Renaissance Technologies ilustra cómo una empresa puede ser extremadamente exitosa y, al mismo tiempo, implementar políticas justas y equitativas tanto internamente como en su impacto social. Si bien no es fácil que todas las empresas se administren como esta, para eso existen las políticas públicas redistributivas.
La
Eficiencia en la Detección de Necesidades y Deseos: Mercado vs. Planificación
Estatal
Roxana
Kreimer dice: "Un argumento muy común para defender a la empresa
capitalista es que la empresa capitalista permite detectar mejor las
necesidades del mercado, mientras la planificación central no puede hacerlo. La
historia desmiente esta afirmación, puesto que la planificación estatal, según
el estado de que se trate, ha sido a veces eficiente y a veces ineficiente. Y
lo mismo puede ser dicho de la empresa capitalista. Las hay eficientes y las
hay ineficientes. Por otra parte, no es lo mismo hablar de necesidades de los
consumidores que hablar de sus deseos. La sociedad de consumo multiplica más
los deseos que las necesidades. ¿Quién tiene autoridad para determinar qué es
una necesidad? Dependerá de cómo definamos necesidad y también del estándar de
vida de la sociedad concreta que lo está evaluando. El mercado puede crear
nuevos deseos. Antes de que existiera la Coca-Cola, nadie tenía necesidad de
ella. En tal caso, tenemos sed y valoración de lo dulce como una ventaja
adaptativa. Pero no había una necesidad de Coca-Cola que el mercado viniera a
satisfacer. Por lo tanto, la empresa capitalista no detecta mejor que la
planificación estatal las necesidades de la ciudadanía. Ambas pueden
satisfacer necesidades y crear o satisfacer deseos."
Roxana
plantea que tanto la empresa capitalista como la planificación estatal pueden ser
igualmente eficientes o ineficientes en la detección de necesidades y deseos
del mercado. Sin embargo, la eficiencia del mercado radica en su capacidad para
responder rápidamente a las señales de los consumidores, ajustando la oferta y
la demanda de manera dinámica y continua. Los precios en una economía de
mercado actúan como señales que guían a los productores sobre qué bienes y
servicios deben producirse, en qué cantidad y a qué precio.
Un estudio del economista Friedrich Hayek destaca cómo los precios en un mercado libre contienen y transmiten información dispersa entre millones de individuos, permitiendo decisiones económicas eficientes sin necesidad de una autoridad central que lo planifique todo (Hayek, 1945). En contraste, la planificación central tiende a ser rígida y lenta en adaptarse a cambios rápidos en las preferencias y necesidades de los consumidores, lo que puede llevar a ineficiencias y desabastecimientos.
En
términos de eficiencia, la planificación estatal ha tenido éxitos notables en
contextos específicos y durante períodos limitados. Por ejemplo, durante la
Segunda Guerra Mundial, la planificación centralizada permitió a Estados Unidos
y a otros países movilizar recursos rápidamente para la producción de
armamentos. Sin embargo, en tiempos de paz, los mismos mecanismos de
planificación pueden volverse rígidos e ineficientes. La mayoría de los casos
de planificación centralizada, como los experimentados en la Unión Soviética,
han mostrado ser ineficientes a largo plazo. Estos sistemas a menudo sufren de
burocracia excesiva, falta de incentivos para la innovación y una desconexión
entre lo que se produce y lo que los consumidores realmente desean.
Por otro lado, los países que combinan un fuerte estado de bienestar con economías de mercado, han demostrado que es posible mantener altos niveles de eficiencia económica y satisfacer las necesidades de sus ciudadanos. Estos países logran un equilibrio mediante una regulación inteligente del mercado y políticas sociales robustas que aseguran que los beneficios del crecimiento económico se distribuyan de manera más equitativa (Andersen et al., 2007). ¿Notan que gran parte de las cosas que dice Roxana en su video se refutan con la misma fuente? Bueno, es porque sus elucubraciones obedecen a una cuestión ideológica y no racional, a pesar de que pueda parecer racional.
Roxana también señala que la sociedad de consumo tiende a multiplicar más los deseos que las necesidades reales. Aunque esto es cierto en parte, es importante reconocer que la creación de nuevos productos y servicios puede mejorar significativamente la calidad de vida. Por ejemplo, innovaciones como los smartphones o los servicios de streaming han transformado la manera en que las personas se comunican y entretienen, creando nuevos deseos pero también satisfaciendo necesidades emergentes. No obstante, la crítica de Roxana sobre la creación de deseos artificiales es válida y merece consideración. En el libro “Todos los vendedores son mentirosos” de Seth Godin, se puede consultar de qué manera se crean estos deseos.
Es crucial que las políticas públicas promuevan un consumo responsable y sostenible. En este sentido, los países europeos han liderado con iniciativas de economía circular y regulaciones ambientales estrictas que buscan minimizar el impacto negativo del consumo excesivo (Stahel, 2016). Pero, como ya he dicho, esto no es solo de los países europeos, pues podemos poner en la lista a Singapur y a Canadá. Hay personas que descalifican a estos países por el “wokismo”, pero de Singapur no se puede decir lo mismo, esto se debe a que el sistema de redistribución de la riqueza con una economía de mercado es algo universal que puede ser aplicado por cualquier país. La economía de Singapur combina libertad económica con una fuerte intervención estatal en sectores estratégicos, lo que ha permitido un crecimiento económico sostenido y una alta calidad de vida para sus ciudadanos (Huff, 1995).
De
manera similar, Finlandia ha logrado equilibrar el dinamismo del mercado con
una fuerte red de seguridad social y políticas de sostenibilidad. La
combinación de un entorno empresarial competitivo y políticas públicas que
promueven la equidad y el bienestar general ha permitido a Finlandia prosperar
sin caer en los excesos del consumismo (Kangas & Kvist, 2018).
Tras
todo lo expuesto, queda claro que la afirmación de Roxana de que tanto la
planificación estatal como la empresa capitalista pueden ser igualmente
eficientes o ineficientes en la detección de necesidades y deseos es, en parte,
simplista. La evidencia histórica y contemporánea sugiere que los mercados,
cuando están bien regulados y acompañados de políticas sociales robustas, son
más eficientes en la adaptación a las necesidades y deseos cambiantes de los
consumidores que la planificación estatal pura. Es posible combinar la eficiencia del mercado con la equidad y la
sostenibilidad, una alternativa al capitalismo desenfrenado que Roxana critica.
Libertad
en el Capitalismo: Más Allá de la Ausencia de Coerción
Roxana
Kreimer afirma: "Suele defenderse a la empresa capitalista sosteniendo que
es la única que promueve la libertad. Sin embargo, el capitalismo sólo
considera una concepción negativa de la libertad, es decir, la libertad es
entendida sólo como ausencia de coerción. Le falta sumar una concepción
positiva de la libertad, es decir, la libertad de hacer. Porque puede no
coercionarme nadie ni nada, pero si soy muy pobre y carezco de recursos básicos
para la vida, mi libertad de hacer se verá muy reducida. En el capitalismo, la
libertad es principalmente la libertad de las empresas para decidir qué, dónde
y cómo producir, sin interferencia de otras partes de la sociedad. No la
libertad del ciudadano medio. ¿Qué es la libertad del ciudadano medio?"
Roxana
distingue entre la libertad negativa, entendida como ausencia de coerción, y la
libertad positiva, que se refiere a la capacidad de actuar y realizar los
propios deseos. Esta distinción, basada en el trabajo de Isaiah Berlin (1958),
es crucial para comprender las diferentes formas en que la libertad puede ser
concebida y aplicada. Si bien es cierto que el capitalismo se ha asociado
históricamente con la libertad negativa, también es importante reconocer que
los sistemas capitalistas modernos, especialmente en los países con altos
niveles de bienestar, han integrado elementos de libertad positiva.
En
los Estados de Bienestar también se promueve la libertad positiva. Los
ciudadanos tienen acceso a educación gratuita, servicios de salud de alta
calidad y una red de seguridad social que garantiza un nivel de vida digno.
Esto no solo les permite estar libres de coerción, sino también les proporciona
las herramientas y recursos necesarios para perseguir sus objetivos personales
y profesionales. En estos contextos, la libertad positiva se convierte en una
realidad tangible, y no solo en una aspiración teórica (Andersen et al., 2007).
La
afirmación de Roxana de que en el capitalismo la libertad es principalmente la
libertad de las empresas no toma en cuenta estos avances significativos en
términos de derechos y protecciones para los trabajadores y ciudadanos en general.
En los Estados de Bienestar existen regulaciones estrictas que protegen los
derechos de los trabajadores, garantizando condiciones laborales justas y
salarios dignos. Estas medidas aseguran que la libertad de las empresas no se
convierta en una licencia para la explotación, sino que se equilibre con la
protección de la dignidad y el bienestar de los trabajadores (European
Commission, 2020). Es cierto que los países que implementan los diferentes sistemas
del Estado de Bienestar no son perfectos, pero sus resultados son más reales y
palpables que lo que podría ser un sistema marxista de cooperativas y control
estatal.
El
enfoque de capacidades, desarrollado por Amartya Sen y Martha Nussbaum,
proporciona una perspectiva útil para entender cómo las sociedades pueden
promover la libertad positiva. Este enfoque sugiere que el verdadero desarrollo
debe ser evaluado en términos de la expansión de las capacidades de las
personas para llevar a cabo la vida que valoran. Los sistemas capitalistas que
integran políticas públicas que promueven la educación, la salud y la igualdad
de oportunidades contribuyen significativamente a esta expansión de
capacidades, lo que a su vez incrementa la libertad positiva de sus ciudadanos
(Sen, 1999).
Un
ejemplo destacado de la integración de la libertad positiva en un contexto
capitalista es Finlandia, donde el sistema educativo gratuito y de alta calidad
ha permitido a sus ciudadanos alcanzar niveles excepcionales de competencia y
creatividad. Este enfoque ha llevado a Finlandia a ser uno de los países más
innovadores y competitivos del mundo, demostrando que la libertad positiva y la
eficiencia económica no son mutuamente excluyentes, sino complementarias
(Sahlberg, 2011).
En
Singapur, un país con una economía de mercado altamente regulada, se han
implementado políticas de vivienda pública que garantizan que casi todos los
ciudadanos tengan acceso a una vivienda digna. Esta política no solo mejora la
calidad de vida, sino que también proporciona una base sólida para que los
ciudadanos puedan participar activamente en la economía y la sociedad, lo que
refuerza tanto la libertad negativa como la positiva (Phang, 2018).
Roxana
Kreimer tiene razón al señalar que la concepción de la libertad en el
capitalismo no debe limitarse a la ausencia de coerción. Sin embargo, su
crítica no considera completamente cómo los sistemas capitalistas modernos han
integrado elementos significativos de libertad positiva a través de políticas
públicas que promueven la educación, la salud y la igualdad de oportunidades.
El
Capitalismo y la Reducción de la Pobreza
Roxana
Kreimer dice: "Un argumento muy común es que el capitalismo es la causa de
que haya cada vez menos pobreza. Incluso Marx, en el Manifiesto Comunista,
agradece los servicios prestados por el capitalismo para el crecimiento de las
fuerzas productivas. Yo discrepo con este argumento de Marx, en tal caso me
parece un argumento insuficiente. Creo que una causa importantísima de la
reducción de la pobreza fue el avance de los derechos sociales, especialmente a
partir de las medidas que Bismarck tomó en Alemania por miedo al comunismo y a
las demás fuerzas populares en ascenso. La aparición de derechos sociales, como
el aguinaldo, las vacaciones pagas, la limitación de la jornada laboral y otras
medidas del modelo de estado de bienestar, fueron algo que contribuyó
sobremanera al descenso de la pobreza, que es real, pero mucho menos pronunciada
de lo que los primeros gráficos del sitio Nuestro Mundo en Datos auguró, tal
como reconoció este mismo sitio".
Es
indudable que el capitalismo ha jugado un papel significativo en la reducción
de la pobreza global. Según el Banco Mundial, la proporción de personas que
viven en extrema pobreza ha disminuido drásticamente, pasando del 36% en 1990
al 9.2% en 2017 (World Bank, 2020). Este descenso coincide con la expansión de
economías de mercado y la globalización, lo que sugiere una correlación entre
el crecimiento económico impulsado por el capitalismo y la reducción de la
pobreza. No se debe confundir la pobreza extrema con la pobreza
multidimensional, que ya es otra cosa por solucionar y que afecta al 18% de la
población mundial.
Roxana
acierta al señalar que los avances en derechos sociales y las políticas de
bienestar han sido cruciales para mejorar las condiciones de vida de muchas
personas, como llevo explicando a lo largo de este texto. Las reformas introducidas por Otto von Bismarck en Alemania a finales
del siglo XIX, como la seguridad social y las pensiones, fueron pioneras y
sirvieron de modelo para otros países. Estas políticas no solo ayudaron a
mitigar los efectos negativos del capitalismo, sino que también demostraron que
la intervención estatal puede complementar el mercado para crear sociedades más
justas y equitativas (Bismarck's social legislation, 2020).
Es
importante entender que estas reformas no surgieron en un vacío. La
industrialización y el crecimiento económico proporcionaron los recursos
necesarios para implementar tales políticas. La creación de riqueza a través
del capitalismo permitió a los estados recaudar impuestos y financiar programas
sociales. Por tanto, el avance de los derechos sociales y la reducción de la
pobreza no son fenómenos independientes del capitalismo, sino que están interrelacionados.
La interacción entre estos dos factores ha sido esencial para el avance social
y económico observado en muchos países. Reconocer la interdependencia de estos
elementos es crucial para entender cómo se puede continuar avanzando en la
lucha contra la pobreza en el futuro.
Es
verdad que la razón por la que se promovieron todas esas reformas fue el miedo
al comunismo, un miedo que, históricamente, se demostró como justificado, tras
lo ocurrido con la Unión Soviética; todos esos crímenes y destrucción ambiental
provocados por la corrupción y la mala administración (estas son cosas que los
zurdos más extremistas niegan que pasaron, pero hay suficientes evidencias).
Aunque es cierto que esto no lo pudo haber visto venir mucha gente, por lo que
las reformas fueron una estrategia para estabilizar las sociedades
capitalistas y mantener el orden social (Eley, 2002).
Roxana
menciona que los gráficos iniciales de "Nuestro Mundo en Datos" sobre
la reducción de la pobreza eran demasiado optimistas, que en realidad la curva
es “menos pronunciada”. No sé exactamente lo que quiere decir; es verdad que
los primeros gráficos publicados tenían ciertas falencias metodológicas, donde
se confundían dos tipos de pobreza diferentes, al usar datos sacados de
diferentes fuentes. Sin embargo, los datos actualizados, los que rigurosamente
se tomaron desde 1990, siguen mostrando una tendencia significativa a la baja
en los niveles de pobreza global, exceptuando el momento de la pandemia, en que
la pobreza aumentó. Aunque hay críticas sobre la metodología y las definiciones
utilizadas para medir la pobreza, la tendencia general de disminución de la
pobreza extrema es ampliamente reconocida (Roser & Ortiz-Ospina, 2013).
El
Impacto del Capitalismo en la Riqueza Global
Roxana
Kreimer dice: "Además, en el capitalismo, el crecimiento en la riqueza de
la sociedad, el crecimiento en la riqueza de algunas partes del mundo, va de la
mano con el crecimiento de la pobreza en otras. El éxito capitalista de
Inglaterra fue la raíz de la crisis y el declive de la India. El crecimiento
explosivo de las empresas capitalistas en China tiene su contraparte en el
vaciamiento de zonas manufactureras en los Estados Unidos, así como la
revolución industrial de Europa destruyó los sistemas productivos de
Asia."
Esta
visión, aunque tiene elementos de verdad, es una simplificación excesiva de un
fenómeno extremadamente complejo. El desarrollo económico global bajo el
capitalismo ha generado desigualdades, pero no necesariamente de la manera en
que Roxana sugiere.
Es cierto que durante la era colonial las potencias europeas explotaron recursos y mano de obra en sus colonias (no estoy incluyendo aquí a los virreinatos de España, que son un tema más complejo), contribuyendo al empobrecimiento de estas regiones. La explotación de la India por parte del Imperio Británico es un ejemplo claro de cómo la riqueza generada en el país colonizador estuvo vinculada al subdesarrollo de la colonia. El drenaje de riqueza de India hacia Inglaterra durante la era colonial es un hecho histórico bien documentado (Roy, 2011). Sin embargo, la relación entre crecimiento económico en unos países y empobrecimiento en otros no es tan directa en el contexto contemporáneo. La globalización ha permitido a países como China e India experimentar un crecimiento económico sin precedentes, sacando a cientos de millones de personas de la pobreza extrema. Desde 1990, la tasa de pobreza extrema en China ha caído del 71.96% al 0.11% en 2020 (World Bank, 2020). Este crecimiento no ha sido a costa de otros países, sino más bien resultado de una integración global en la que múltiples naciones han podido beneficiarse.
El
vaciamiento de zonas manufactureras en países desarrollados como Estados Unidos
es una consecuencia de la deslocalización, donde las empresas trasladan su
producción a países con menores costos laborales. Esto ha llevado a desafíos
significativos en términos de desempleo y declive industrial en ciertas
regiones. Este fenómeno también ha permitido a países en desarrollo atraer
inversiones, crear empleos y mejorar su infraestructura económica. La deslocalización
ha sido un motor de desarrollo para muchas economías emergentes, aunque ha
tenido efectos mixtos en las economías desarrolladas; sin embargo, este es un caso particular que no implica tanta pobreza como en el caso de la India.
La
Revolución Industrial en Europa tuvo un impacto significativo en los sistemas
productivos de Asia. No obstante, con el tiempo, muchas economías asiáticas han
logrado adaptarse y prosperar en el contexto económico global. Japón y Corea
del Sur (con ayuda de inversión directa desde el gobierno de Estados Unidos,
claro), y, más recientemente, China e India, han experimentado transformaciones
económicas que los han llevado a convertirse en importantes centros de
producción y tecnología a nivel mundial (Maddison, 2007). Esto muestra que,
aunque hubo períodos de desventaja, las economías pueden evolucionar y
beneficiarse de la globalización y el capitalismo.
Es
crucial entender que la economía global es interdependiente. El crecimiento en
una parte del mundo no necesariamente debe implicar el empobrecimiento de otra.
De hecho, el comercio internacional y la cooperación económica han permitido
que muchas naciones se desarrollen simultáneamente. La Unión Europea es un
ejemplo de cómo la integración económica puede conducir a un crecimiento mutuo
y sostenido, beneficiando a múltiples países de manera equitativa (Baldwin &
Wyplosz, 2019). Aquí podría entrar la teoría de la ventaja comparativa, según
la cual cada país se beneficia al especializarse en la producción de bienes en
los que tiene una ventaja relativa y al comerciar con otros países. Esto
aumenta la eficiencia global y puede conducir a una mayor prosperidad para
todos los participantes.
La
Legitimidad de las Ganancias del Capitalista
Roxana
Kreimer dice: "Una idea con la que a menudo se busca legitimar la empresa
capitalista es que el capitalista fue el autor de la idea que dio nacimiento al
negocio de la empresa. Nuevamente, ¿cuántas veces más debería ganar el
capitalista por haber aportado una o varias ideas para la creación de su
empresa? ¿20? ¿50? ¿10? ¿Durante cuánto tiempo se justifica que el capitalista
gane muchísimas veces más que el trabajador por haber aportado la idea para
crear una empresa? ¿Unos meses? ¿Años? ¿Toda una vida? ¿Como principio de
justicia, no sería más adecuado pagar de acuerdo al tiempo trabajado o al
tiempo de trabajo de que se trata, o al esfuerzo evaluado intersubjetivamente
por los propios trabajadores de la empresa?"
Volvemos
a rondar el mismo tema otra vez. Roxana cuestiona la justicia en la remuneración del
capitalista, argumentando que la idea original no debería justificar ingresos
desproporcionados a lo largo del tiempo. Sin embargo, esta visión no toma en
cuenta la complejidad y los riesgos involucrados en la creación y el
mantenimiento de una empresa. El capitalista no solo aporta la idea, sino
también el capital inicial necesario para arrancar el negocio. Este capital
puede provenir de ahorros personales, préstamos o inversiones, todos los cuales
conllevan un riesgo significativo. Sin el aporte inicial de capital y la
disposición a asumir riesgos, muchas empresas nunca se materializarían. Por
ejemplo, estudios muestran que cerca del 90% de las startups fracasan (Patel,
2015), lo cual subraya el riesgo inherente a la inversión en nuevas empresas.
La
relación entre riesgo y recompensa es fundamental en el capitalismo. Los
capitalistas asumen riesgos financieros, legales y de mercado al invertir en
nuevas ideas. El retorno sobre inversión es una compensación por asumir estos
riesgos. Si la empresa fracasa, el capitalista pierde su inversión; si tiene
éxito, es lógico que reciba una recompensa proporcional al riesgo asumido.
Un
ejemplo notable es el caso de Elon Musk, quien invirtió gran parte de su fortuna
personal en Tesla y SpaceX en sus etapas iniciales, arriesgando su estabilidad
financiera (Vance, 2015). La eventual rentabilidad de estas empresas justificó
sus ganancias, no solo por las ideas innovadoras, sino por el riesgo y la
dedicación involucrados. Además, la implicación del capitalista en el negocio
generalmente no se limita a la idea inicial. El capitalista a menudo participa
activamente en la gestión y la toma de decisiones estratégicas a lo largo de la
vida de la empresa. Jeff Bezos, por ejemplo, no solo fundó Amazon, sino que
continuó innovando y expandiendo la empresa, transformándola de una librería en
línea a un gigante global del comercio electrónico y tecnología (Stone, 2013).
Estos dos empresarios no son necesariamente un buen ejemplo de emprendedor. Jim
Simons me parece una mejor persona, tanto en la gestión de la empresa “Renaissance Technologies” como en
el modo en que recompensa a sus empleados, sin quitarse a sí mismo sus altos ingresos.
La
propuesta de Roxana de que los salarios deben basarse en el tiempo trabajado o
en una evaluación intersubjetiva del esfuerzo presenta desafíos prácticos
significativos. En primer lugar, medir el esfuerzo de manera objetiva es extremadamente
difícil. Además, no considera el impacto del trabajo realizado. Un
desarrollador de software en una startup tecnológica puede trabajar menos horas
que un trabajador de fábrica, pero su contribución al valor de la empresa puede
ser exponencialmente mayor debido a la naturaleza de su trabajo y el mercado en
el que opera.
Existen
modelos alternativos que buscan equilibrar las recompensas entre capitalistas y
trabajadores. Las cooperativas, donde los trabajadores son propietarios y toman
decisiones conjuntamente, son un ejemplo de esto. Sin embargo, estos modelos no
son inmunes a desafíos como la eficiencia en la toma de decisiones y la
capacidad de atraer capital de inversión (Pérotin, 2016). Ya ampliaremos este
tema más adelante.
La
cuestión de cuánto y por cuánto tiempo debería ganar un capitalista es compleja
y no puede reducirse a un simple argumento de justicia salarial. Los
capitalistas asumen riesgos significativos y su éxito depende de múltiples
factores, incluyendo la gestión continua y la innovación. Modelos alternativos demuestran
que es posible encontrar un equilibrio que reconozca el valor de todas las
contribuciones, pero eliminar completamente la recompensa al capital podría
desincentivar la inversión y la innovación, pilares fundamentales del progreso
económico.
Desigualdades
de Origen y el Acceso a Oportunidades
Roxana
Kreimer dice: "Una verdad que los defensores del capitalismo suelen
ocultar es que capitalistas y trabajadores no suelen llegar con los mismos
bienes al mercado. Las personas no cumplen 18 años y se preguntan ¿Tengo
vocación de empleado o de jefe? Mejor voy a ser empleado así no tengo el poder
de decisión sobre el trabajo que desarrollo. Y un jefe me reta cuando hago las
cosas mal, me descuenta el día que adhiero a la huelga o me da órdenes de la
mañana a la noche. Las personas que desde muy jóvenes solo tienen por ofrecer
su fuerza de trabajo no suelen contar con la opción de fundar su propia empresa.
La lotería genética no suele ser un buen principio de justicia para determinar
qué lugar ocupa uno en el escalafón laboral. ¿Es el caso de Elon Musk y de
tantos empresarios que comenzaron con un capital aportado por sus padres? ¿O es
el caso de aquellos que aun cuando no terminaran una carrera en una universidad
élite aprendieron lo necesario como para iniciar un emprendimiento
propio?"
Es
innegable que las personas no inician su vida en igualdad de condiciones. El
entorno socioeconómico, el acceso a la educación y los recursos disponibles
influyen considerablemente en las oportunidades que una persona puede
aprovechar. En efecto, muchos empresarios exitosos han contado con el apoyo
financiero y educativo de sus familias, como Elon Musk y Jeff Bezzos. Sin
embargo, limitar el análisis a este hecho ignora los numerosos ejemplos de
individuos que, sin tales ventajas, han logrado construir negocios exitosos.
Contrario
a lo que Roxana sugiere, hay numerosos ejemplos de emprendedores que surgieron
de entornos desfavorecidos. Por ejemplo, Howard Schultz, ex-CEO de Starbucks,
creció en un complejo de viviendas de protección oficial y trabajó desde joven
para ayudar a su familia. A pesar de estos desafíos, Schultz construyó una de
las cadenas de café más grandes del mundo (Schultz & Yang, 2011).
Además,
el sistema capitalista ha fomentado la creación de plataformas que democratizan
el acceso a recursos y oportunidades. Por ejemplo, la proliferación de internet
y las plataformas de e-learning han hecho posible que personas de cualquier
origen accedan a educación de alta calidad. Un estudio de la Fundación Varkey y
la UNESCO indica que la educación en línea ha ampliado significativamente las
oportunidades de aprendizaje en regiones desfavorecidas (Varkey Foundation,
2018).
Una
cosa que me parece interesante es que Roxana se limite a hablar de ambientes
laborales horrorosos. Es cierto que en muchos contextos laborales,
especialmente en empresas con prácticas deficientes, los trabajadores pueden
enfrentar situaciones en las que son reprendidos por errores, se les descuentan
días de huelga y están sujetos a órdenes estrictas. Estas prácticas pueden
reflejar una falta de respeto y reconocimiento hacia los trabajadores, creando
ambientes laborales tóxicos y poco productivos. Estos problemas no son
inherentes al capitalismo per se, sino que reflejan fallas en la gestión y la
cultura empresarial. La explotación y el abuso de poder pueden y deben ser
abordados mediante políticas laborales adecuadas, sindicatos fuertes y una
legislación laboral robusta.
Por otro lado, el
capital social y las redes de apoyo juegan un rol crucial en el éxito
empresarial. No obstante, esto no es exclusivo del capitalismo. En cualquier
sistema socioeconómico, las conexiones personales y el apoyo comunitario son
factores decisivos. El capitalismo, con su énfasis en la competencia y la
innovación, ha permitido que personas con talento y determinación,
independientemente de su origen, puedan destacarse y prosperar.
Además,
existen numerosas iniciativas y programas diseñados para apoyar a emprendedores
de entornos desfavorecidos. En los Estados Unidos, programas como el Small
Business Administration (SBA) proporcionan asesoramiento, capacitación y acceso
a financiamiento para emprendedores que no cuentan con recursos propios
significativos (U.S. Small Business Administration, 2021). Estas iniciativas
buscan precisamente corregir las desventajas iniciales y fomentar la equidad en
el acceso a oportunidades empresariales. Es cierto que las medidas que Estados
Unidos pone en práctica no son suficientes, pero este es un buen ejemplo, por
lo menos para no tener que irme otra vez a los países nórdicos (cof, cof, en
Noruega existe Innovasjon Norge, en Suecia Swedish Agency for Economic and
Regional Growth o Tillväxtverket, en Dinamarca The Danish Business Authority o Erhvervsstyrelsen,
etc.).
La
educación juega un papel fundamental en la movilidad socioeconómica. Roxana
menciona solo la lotería genética y no el acceso desigual a la educación élite. En
muchos países, las políticas públicas están dirigidas a garantizar el acceso
equitativo a la educación de calidad. Por ejemplo, Singapur ha implementado
políticas educativas inclusivas que han reducido drásticamente las brechas de
desempeño entre estudiantes de diferentes orígenes socioeconómicos (Ng, 2008).
Las
Empresas Capitalistas en Competencia se Corromperán
Roxana
Kreimer dice: "Si bien puede ser cierto que a veces la empresa capitalista
fomenta la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías y productos, es
importante considerar las limitaciones y desafíos asociados con esta idea. En
un entorno altamente competitivo, las empresas pueden estar motivadas
principalmente por el beneficio económico, lo que puede llevar a prácticas
comerciales que no siempre benefician a la sociedad en general. Por ejemplo,
algunas empresas pueden centrarse en maximizar sus ganancias a expensas de la
ética empresarial, el medio ambiente o las condiciones laborales de sus
empleados. Además, la competencia no siempre es equitativa. Las grandes
empresas con más recursos financieros y de influencia pueden dominar el mercado
y dificultar la entrada de nuevas empresas innovadoras y competidoras. Esto
puede llevar a un estancamiento o a una falta de diversidad en el mercado,
evitando las opciones disponibles para los consumidores y afectando la
verdadera competencia."
Roxana señala correctamente que algunas empresas pueden anteponer sus ganancias a la ética empresarial, el medio ambiente o las condiciones laborales. Sin embargo, es esencial destacar que existen mecanismos y marcos regulatorios diseñados para mitigar estos efectos negativos. La Unión Europea, por ejemplo, ha implementado estrictas normativas ambientales y laborales que obligan a las empresas a operar de manera más sostenible y ética (European Commission, 2020). Estas regulaciones han llevado a una mayor responsabilidad social corporativa, donde las empresas no solo se enfocan en sus resultados financieros, sino también en su impacto social y ambiental.
Es
cierto que la competencia no siempre es equitativa y que las grandes empresas
pueden dominar el mercado, pero este fenómeno no es exclusivo del
capitalismo y puede ocurrir en cualquier sistema económico. Para abordar este
problema, muchos países capitalistas han implementado políticas antimonopolio y
regulaciones para promover una competencia justa. En Estados Unidos, la
Comisión Federal de Comercio (FTC) y el Departamento de Justicia (DOJ) juegan
un papel crucial en la prevención de prácticas comerciales desleales y la
promoción de la competencia (Shapiro, 2019). Por supuesto que la legislación
antimonopolio no es muy eficiente en Estados Unidos. Google y Facebook pueden
considerarse monopolios, y esto se ha dado gracias a ciertas evasiones de los
empresarios al definir su nicho de mercado. En otros países, las leyes
antimonopolios han sido más exitosas.
Además,
existen numerosos ejemplos de cómo las políticas gubernamentales pueden apoyar
a nuevas empresas e innovadores. En Israel (la nación con el gobierno más
polémico del momento), conocido como la "nación startup", el gobierno
ha implementado programas que ofrecen financiamiento, mentoría y apoyo a nuevas
empresas tecnológicas. Estas iniciativas han resultado en un ecosistema
vibrante de innovación y un alto número de startups exitosas (Senor &
Singer, 2009). De manera similar, en Singapur, el gobierno ha establecido
fondos de capital de riesgo y parques tecnológicos que han fomentado un
ambiente próspero para la innovación y el emprendimiento (NUS Enterprise).
La
preocupación de Roxana sobre el estancamiento, y la falta de diversidad en el
mercado, también es válida. Sin embargo, la realidad muestra que el mercado
capitalista, especialmente cuando está bien regulado, tiende a ser dinámico y
diverso. La competencia impulsa a las empresas a innovar y a diferenciarse para
atraer a los consumidores. Un estudio de la OCDE revela que los países con
economías de mercado bien reguladas tienden a tener altos niveles de innovación
y diversidad empresarial (OECD, 2019).
Desigualdad
Económica y Social en el Capitalismo
Roxana
Kreimer dice: "Otro aspecto a considerar es que la búsqueda del beneficio
a través de la competencia puede generar desigualdades económicas y sociales.
Las empresas exitosas pueden acumular grandes riquezas y poder mientras que los
trabajadores pueden enfrentarse a salarios bajos o condiciones laborales muy
precarias. Y si una empresa crece al punto en que se convierte en un monopolio
o en un oligopolio, algo muy frecuente en el capitalismo, desaparece la motivación
para que se innove, se investigue y se desarrollen nuevos productos."
Roxana plantea un punto
válido sobre la generación de desigualdades económicas y sociales en el sistema
capitalista. Es innegable que el capitalismo puede llevar a la acumulación de
riquezas significativas para unas pocas empresas, mientras que los trabajadores
pueden enfrentar salarios bajos y condiciones laborales precarias. Sin embargo,
es fundamental analizar este fenómeno dentro de un contexto más amplio y
considerar las diversas formas en que las economías capitalistas han abordado y
mitigado estos problemas. Las medidas de bienestar social que ya se han
implementado en diversos países no solo mitigan la pobreza y mejoran la calidad
de vida, sino que también fomentan una mayor cohesión social y estabilidad
económica.
Alemania,
por poner un ejemplo, tiene un sistema de cogestión que permite a los empleados
participar en la toma de decisiones de las empresas, lo que contribuye a
mejores condiciones laborales y salarios más justos (Freeman & Lazear,
1995). Además, el salario mínimo y las leyes laborales estrictas en varios
países de la Unión Europea garantizan que los trabajadores reciban un trato
justo.
Con
respecto a que los monopolios y oligopolios pueden reducir la motivación para
innovar, existen mecanismos para evitar esto; ya lo dije en el anterior punto, pero vuelvo y lo repito. Las políticas antimonopolio y las
regulaciones de competencia son herramientas esenciales en muchas economías
capitalistas avanzadas. La Comisión Europea, por ejemplo, ha impuesto sanciones
a grandes empresas tecnológicas para evitar prácticas anticompetitivas y
asegurar que el mercado permanezca abierto a nuevos entrantes y a la innovación
(European Commission, 2020).
En
los sistemas de planificación centralizada, donde el estado controla la mayor
parte de los recursos y la producción, los monopolios estatales son más comunes
que en el capitalismo. Estos monopolios no están sujetos a la competencia del
mercado y pueden sufrir de ineficiencia e innovación limitada debido a la falta
de incentivos competitivos. En la antigua Unión Soviética, la mayoría de las
industrias estaban controladas por el estado, resultando en monopolios
estatales con poca innovación y eficiencia comparado con economías capitalistas
(Ellman, 2014).
Ahora bien, contrario
a la idea de que las grandes empresas no innovan, existen numerosos ejemplos de
grandes corporaciones que continúan invirtiendo en investigación y desarrollo.
Alphabet (Google), Amazon y Microsoft destinan miles de millones de dólares
anualmente a la innovación tecnológica, lo que ha llevado a avances
significativos en inteligencia artificial, computación en la nube y otros
campos emergentes (OECD, 2021). Estas inversiones no solo benefician a las
propias empresas, sino que también generan efectos positivos para la economía
en general, creando nuevas oportunidades y mejorando la productividad.
Las
Cooperativas como Alternativa a las Empresas Capitalistas
Roxana
Kreimer dice: "En una sociedad cuya unidad básica de producción serían las
cooperativas, que serían un complemento de ciertas empresas estratégicas que
permanecerían en manos del Estado, los propios trabajadores tomarían las
decisiones básicas sobre la producción y la distribución". Luego, lee un
fragmento del libro del economista Richard Wolff, "La democracia en el
trabajo": "Las cooperativas se convertirían colectiva y
democráticamente en su propia junta directiva. Los directorios seleccionados
por los accionistas ya no dirigirían qué, cómo y dónde produce la empresa. En
cambio, todos sus trabajadores, los trabajadores de las empresas, los que
producen directamente y los que proporcionan los servicios de apoyo que
permiten la producción, se convertirían colectivamente en los directores que
deciden qué, dónde y cómo producir. Las empresas capitalistas se transformarían
así en empresas autodirigidas por sus trabajadores". Luego, Roxana
continúa y dice: "La cooperativa es más justa que la empresa capitalista
porque se distribuye el poder de manera genuinamente democrática entre los
individuos tanto dentro de sus lugares de trabajo como en sus comunidades. En
las corporaciones, la forma dominante de las empresas capitalistas modernas,
las pequeñas juntas directivas seleccionadas por un número pequeño de
accionistas importantes, ya no se apropiarían y distribuirían el excedente
producido por los empleados."
Roxana
en esta parte del video argumenta que las cooperativas, gestionadas democráticamente
por los propios trabajadores, ofrecen una alternativa más justa a las empresas
capitalistas tradicionales. Este enfoque presenta ventajas significativas en
términos de distribución del poder y la toma de decisiones. Pero es crucial
analizar la viabilidad y sostenibilidad de este modelo a gran escala y
compararlo con ejemplos exitosos de economías mixtas que integran aspectos del
capitalismo con fuertes elementos de bienestar social y regulaciones.
Existen ejemplos notables de cooperativas exitosas que demuestran el potencial de este modelo. Mondragon Corporation en España es uno de los conglomerados cooperativos más grandes del mundo y ha demostrado que es posible combinar la eficiencia empresarial con la democracia en el lugar de trabajo (Whyte & Whyte, 1991). Mondragon incluye un banco, universidades y múltiples cooperativas industriales y de servicios, proporcionando empleo y beneficios significativos a sus miembros. A pesar de estos ejemplos, el modelo cooperativo no está exento de limitaciones. La evidencia empírica sugiere que las cooperativas pueden enfrentar dificultades en términos de escalabilidad y competitividad en mercados altamente dinámicos y globalizados. Las cooperativas tienden a ser más exitosas en sectores específicos y a menudo requieren un entorno regulatorio y cultural favorable para prosperar (Craig & Pencavel, 1992). Además, la toma de decisiones democráticas puede ser más lenta y menos eficiente en contextos donde se necesitan respuestas rápidas y adaptaciones estratégicas.
En
lugar de ver las cooperativas y las empresas capitalistas como mutuamente
excluyentes, es posible concebir un modelo híbrido que incorpore lo mejor de
ambos mundos. En Suecia y Dinamarca, las empresas capitalistas coexisten con
cooperativas y empresas públicas en un entorno que fomenta la competencia
justa, la protección laboral y la innovación (Sandbrook, 2014). Este enfoque ha
llevado a altos niveles de bienestar y cohesión social sin sacrificar la
eficiencia económica ni la innovación.
Roxana
critica la estructura de poder en las corporaciones capitalistas modernas,
donde una pequeña junta directiva seleccionada por los accionistas toma
decisiones que afectan a todos los empleados. Es cierto que este modelo puede
llevar a decisiones que prioricen las ganancias a corto plazo sobre el
bienestar de los trabajadores y la sostenibilidad a largo plazo. Sin embargo,
las regulaciones gubernamentales, las leyes laborales y las políticas de
responsabilidad social corporativa pueden mitigar estos problemas. En Alemania,
el sistema de cogestión permite que los trabajadores tengan representación en
los consejos de administración de las empresas, lo que equilibra el poder y
promueve decisiones más inclusivas (Freeman & Lazear, 1995).
La
idea de que las cooperativas pueden ofrecer un modelo más justo y democrático
es atractiva y tiene mérito. Está muy bien, pero la implementación a gran
escala de este modelo presenta desafíos muy grandes. En lugar de optar por un
cambio radical, es más pragmático considerar un enfoque híbrido que combine elementos
del capitalismo con fuertes políticas de bienestar y regulaciones que promuevan
la equidad y la sostenibilidad. No hace falta eliminar la propiedad privada
para mejorar el bienestar de las personas, como bien se ha demostrado.
La
Propuesta de Asociaciones de Cooperativas Barriales
Roxana
Kreimer dice: "Wolff propone constituir asociaciones de cooperativas
barriales de cada ciudad y de cada provincia que determinarían qué combinación
de propiedad privada y socializada de los medios de producción sería la mejor,
qué combinación de mercados y planificación se preferiría como medio de
distribución de recursos y productos, y qué combinación de toma de decisiones
democrática representativa y directa debe existir tanto en los lugares de
trabajo como en las comunidades residenciales. Tal reorganización de los
lugares de trabajo, junto a la codeterminación democrática, acabaría
efectivamente con el capitalismo. Difícilmente tratándose de humanos deje de
haber conflicto, pero sería una posibilidad de terminar con las crisis
periódicas generadas por el capitalismo."
La
idea de establecer asociaciones de cooperativas barriales que gestionarían una
combinación óptima de propiedad y distribución, es sin duda ambiciosa y busca
un enfoque más democrático en la gestión económica. Pero, en primer lugar, más
democrático no implica necesariamente algo bueno; la ciencia no es tan
democrática y funciona muy bien, por ejemplo. En segundo lugar, su capacidad
para resolver las crisis inherentes al capitalismo no es evidente.
Las experiencias históricas y contemporáneas con sistemas similares han demostrado que, si bien las cooperativas pueden ser exitosas a nivel local o en ciertos sectores, la escalabilidad y sostenibilidad a gran escala presentan serios desafíos. Mondragon Corporation en España, aunque ha logrado éxitos importantes como conglomerado cooperativo, ha enfrentado dificultades para competir en mercados globales y adaptarse a cambios económicos rápidos (Cheney, 1999). Además, Mondragon ha tenido que recurrir a prácticas típicas de empresas capitalistas, como la subcontratación y la externalización, para mantener su competitividad, lo cual plantea preguntas sobre la viabilidad de un modelo cooperativo a gran escala. Pero, ¿acaso el modelo que propone Wolff no nos llevaría de vuelta al modelo mixto de capitalismo con Estado de Bienestar? Al final, por mucho que se delibere en los barrios, la realidad inherente a las cooperativas y la flexibilidad de las empresas capitalistas se terminarán imponiendo. Ya sabemos que en los sistemas mixtos nórdicos las cosas han ido muy bien en lo que respecta al capitalismo y las cooperativas, es más que obvio. Suecia, Dinamarca y Noruega combinan un fuerte sector privado con empresas públicas y cooperativas, demostrando que es posible alcanzar un equilibrio entre eficiencia económica y justicia social sin renunciar al capitalismo (Martin, 2014).
La
codeterminación democrática en los lugares de trabajo, como se practica en
Alemania, también ofrece un modelo interesante que integra la participación de
los trabajadores en la toma de decisiones sin abolir el sistema capitalista. En
Alemania, las leyes de cogestión permiten que los trabajadores tengan
representación en los consejos de administración de las empresas, lo que
contribuye a decisiones más inclusivas y equilibradas (Rogers & Streeck,
1994). Este sistema ha demostrado ser efectivo en mejorar la satisfacción
laboral y la productividad, mientras se mantiene la competitividad de las
empresas.
Roxana
menciona que la reorganización propuesta podría acabar con las crisis
periódicas generadas por el capitalismo. Pero las crisis económicas no son
exclusivas del capitalismo. Sistemas alternativos, como el socialismo
planificado, también han experimentado sus propias formas de crisis, a menudo
debido a la rigidez de la planificación centralizada y la falta de incentivos para
la innovación y la eficiencia (Nove, 1983). La naturaleza cíclica de las crisis
económicas puede ser atribuida a múltiples factores, incluyendo la innovación
tecnológica, cambios en la demanda global, y políticas gubernamentales, más que
a la estructura económica en sí misma.
El
Fin de la Explotación y la Evolución de los Sistemas Económicos
Roxana
Kreimer dice: "En síntesis, la explotación, que es la producción de un
excedente apropiado y distribuido por otros que no sean sus productores, sería
abolida. Así como tiene un comienzo, los sistemas políticos y económicos llegan
a su fin. Ocurrió con el esclavismo y ya no hubo amos que explotaran a sus
esclavos, ocurrió con el feudalismo y ya no hubo señores que explotaran a los
siervos, y ocurrirá con la estructura de clases capitalistas y ya no habrá
empleadores que exploten a empleados asalariados."
Roxana
establece un paralelismo entre la evolución histórica de los sistemas
esclavista y feudal y el posible futuro del capitalismo. Esta analogía
simplifica en exceso la complejidad y las dinámicas de cada sistema. Es cierto
que tanto el esclavismo como el feudalismo fueron reemplazados por otros
sistemas socioeconómicos, pero las circunstancias y procesos de transición
fueron muy distintos en cada caso.
El
fin del esclavismo y el feudalismo involucró cambios profundos y prolongados, a
menudo violentos y marcados por conflictos sociales y políticos intensos. El
esclavismo, por ejemplo, fue abolido en muchos lugares como resultado de
movimientos abolicionistas, guerras civiles (como en Estados Unidos) y
presiones económicas y morales, pero su legado de desigualdad y discriminación
persiste hasta hoy (Davis, 2006). El feudalismo dio paso al capitalismo
industrial a través de un largo proceso de transformaciones económicas,
sociales y tecnológicas, impulsado por la Revolución Industrial y los cambios
en la estructura de propiedad y producción (Hobsbawm, 1962).
Roxana sugiere que la explotación inherente al capitalismo, definida como la apropiación del excedente por quienes no son sus productores directos, podría ser abolida mediante una reorganización fundamental del sistema económico. El concepto de explotación en el capitalismo es más complejo y multifacético que en los sistemas anteriores. En el capitalismo moderno, la relación entre empleadores y empleados está regulada por leyes laborales, derechos sindicales y mecanismos de negociación colectiva, aunque estos varían significativamente entre países (Standing, 2011). Existen ya ejemplos de economías capitalistas que han mitigado la explotación a través de políticas de bienestar robustas, redistribución de la riqueza y sistemas de cogestión. Esto demuestra que es posible reducir la explotación y aumentar el bienestar sin abolir el capitalismo. Y me sigo repitiendo, pero es esencial que esto quede claro; en muchas ocasiones he discutido con izquierdistas que suelen blandir los mismos argumentos una y otra vez, incluso aunque hayan sido refutados ya; esto obedece a una cuestión ideológica y al sesgo de confirmación. Roxana y Richard Wolff proponen un modelo en el que las cooperativas y la planificación democrática reemplazarían al capitalismo. Pero la planificación centralizada, como se vio en los regímenes socialistas del siglo XX, a menudo llevó a ineficiencias, falta de innovación y problemas económicos graves (Nove, 1983). Por otro lado, las economías mixtas que combinan elementos de mercado y planificación han mostrado ser más resilientes y adaptables.
El argumento de que el capitalismo inevitablemente llevará a su propia desaparición, cosa que está detrás de toda este discurso, no es compartido universalmente. Muchos economistas y sociólogos afirman que el capitalismo ha mostrado una notable capacidad de adaptación y transformación a lo largo del tiempo. La inclusión de tecnologías avanzadas, la economía del conocimiento y la creciente importancia de los servicios sugieren que el capitalismo puede seguir evolucionando en formas que continúen mitigando sus aspectos más explotadores (Brynjolfsson & McAfee, 2014). En todo caso, el remplazo del capitalismo debería ser más resiliente y adaptativo que este, y el control estatal y las cooperativas claramente no lo son.
La
visión de Roxana de un futuro sin explotación capitalista es noble, pero la transición
hacia tal sistema debe considerarse cuidadosamente, reconociendo los logros y
las lecciones de los sistemas económicos actuales. La evolución histórica nos
enseña que los cambios económicos profundos son complejos y multifacéticos, y
cualquier transformación futura debe ser abordada con pragmatismo y un
entendimiento profundo de las dinámicas sociales y económicas.
Reflexiones finales
Los países nórdicos han demostrado que es posible mantener una economía de mercado robusta mientras se garantiza un alto nivel de bienestar para todos sus ciudadanos. La clave de su éxito radica en una combinación de impuestos progresivos, servicios públicos universales y políticas laborales inclusivas (Andersen et al., 2007). Estos países invierten en educación, salud y protección social, asegurando que todos tengan acceso a oportunidades y una red de seguridad económica. Siempre se debe tener en cuenta la implementación de impuestos progresivos que financien servicios públicos de alta calidad, garantizando que nadie quede atrás. Además, se debe establecer un sistema de negociación colectiva y derechos laborales robustos que proteja a los trabajadores y asegure condiciones de trabajo dignas.
Las teorías de Richard Thaler, Amos Tversky y Daniel Kahneman en economía conductual han revelado que los seres humanos no siempre toman decisiones racionales y que sus comportamientos pueden ser influenciados por sesgos cognitivos (Thaler & Sunstein, 2008). Estas ideas pueden aplicarse para diseñar políticas públicas que "empujen" a las personas hacia decisiones que mejoren su bienestar. Por ejemplo, la implementación de programas de ahorro automático para la jubilación ha demostrado ser efectiva para aumentar las tasas de ahorro, ya que muchas personas tienden a postergar decisiones financieras importantes (Madrian & Shea, 2001). Asimismo, políticas que promuevan hábitos saludables a través de incentivos y nudge (pequeños empujones) pueden mejorar la salud pública.
La estructura cooperativa puede ser una alternativa viable para reducir la explotación en el lugar de trabajo. En una cooperativa, los trabajadores son también propietarios, lo que alinea sus intereses y promueve una distribución más equitativa de los beneficios. Mondragón Corporation, en España, es un ejemplo exitoso de cómo las cooperativas pueden operar a gran escala y competir en el mercado global (Whyte & Whyte, 1991). Integrar modelos cooperativos dentro de la economía puede fomentar la participación democrática y la justicia económica. Sin embargo, para mantener la competitividad y eficiencia, es crucial combinar este enfoque con prácticas empresariales modernas y tecnologías avanzadas, siguiendo el ejemplo de empresas como Renaissance Technologies, dirigida por Jim Simons. Esta empresa ha demostrado que es posible combinar éxito financiero con prácticas laborales justas y un enfoque científico en la toma de decisiones (Zuckerman, 2019).
La
tecnología y la innovación son motores cruciales para el crecimiento económico
y la mejora del bienestar. Singapur ha destacado en este aspecto al invertir en
infraestructura tecnológica, educación y políticas que fomentan la innovación y
el emprendimiento (Lee, 2017). Se debe dar un fuerte apoyo gubernamental a la investigación y desarrollo, así como
la creación de ecosistemas que faciliten la transferencia de tecnología y la
colaboración entre empresas y universidades. La sostenibilidad debe ser un
pilar fundamental en cualquier modelo económico moderno. Países como Noruega y
Dinamarca han liderado en la adopción de energías renovables y políticas de
cuidado al medio ambiente (IEA, 2019). La economía circular probablemente será
la economía del futuro, y si se maneja bien las ventajas de la Inteligencia
Artificial, los sistemas económicos se volverán más rápidos y adaptativos, y
tal vez podamos afrontar mejor las crisis económicas.
Y ahora, dejando un poco el tono formal, debo decir que me ha costado bastante tiempo redactar esto, casi una semana. Nunca había escrito algo con tantas consultas a fuentes, tan académico, pero espero acostumbrarme a ello porque creo que voy a dedicarme a esta labor en mis ratos libres. Siento que en mi país, Venezuela, se ha polarizado demasiado el tema económico, sobre todo a través de las actividades de manipulación de masas de nuestros políticos, de manera que pocas personas llegan a mantener la calma al hablar de todo lo aquí desarrollado. Voy a tratar de poner mi granito de arena ahora que empiezo a interesarme en la redacción divulgativa, para calmar un poco las aguas. Es verdad que solo podré influir un poco, quizá en mi círculo más cercano, pero este círculo igual está metido en la narrativa dicotómica entre el liberalismo extremo y el marxismo. Las personas casi que me exigen que tome una postura; bien, mi postura es bastante apegada a la ciencia, así que siento decepcionarlos. El liberalismo extremo suena bien para una trama como la de "La rebelión de Atlas", pero no se apega a la realidad, y sinceramente el marxismo (que tampoco se apega a la realidad) me aburre un montón; incluso cuando congeniaba con esa ideología llegué a dormirme tratando de leer un libro sobre el Che Guevara. Había algo allí que me daba repeluz, por supuesto, pero sobre todo que me hacía dormir de lo soporífero que sonaba; una vida hecha para la deliberación en comunas... Es muy aburrido, y yo no soy alguien que se aburra con facilidad.
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